
Estábamos en plena acción con my mister porno y de repente la mamá grita de su pieza:
- ¡Oye paren el escándalo!
Lo que pasa es que hace algunos días, mi chico, se había comprado una cama bacán. Esas que tienen dos colchones. Un box spring.
Cuando el hermoso trono del placer llegó a la casa, lo mirábamos y nos imaginábamos el webeo que íbamos a tener .
El problema estaba en el respaldo. ¡Pucha que sonaba la wea! Se iba de adelante para atrás, hasta unos cabezasos me pegué.
Intentamos aguantar las ganas de saltar y movernos como animales. Pero de verdad que eso es difícil.
Los días pasaban y estábamos medios histéricos producto de la abstinencia que hicimos para no molestar a la familia.
Hasta nos peleamos un par de vecen en medio de la cópula. Definitivamente esto tenía que terminar.
Una noche llegué a verlo y lo encontré en el trono esperándome bañadito y perfumadito, listo para la acción. Y lo mejor es que el respaldo había volado. Santo remedio.
Me puse tan contenta que me lance de piquero. Jajaajaja. Aún lo recuerdo. Fué la cagá.
Pero mientras estábamos en plena, la mamá gritó desde su pieza:
-¡Oye paren el escándalo!
Ahora el problema no era el respaldo, eran mis sutiles gritos.
domingo, 19 de agosto de 2007
Publicado por
Denisse
20:16
martes, 22 de mayo de 2007
Publicado por
Denisse
15:08
Un poco de acción...
...en un bar de mala muerte
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¡Ái, ui, mmm, aaa! Gemía enferma de caliente mientras el chico musculoso y fibroso, me cogia “A la vuelta”, un bar universitario de mala muerte. El lugar era estrecho, estábamos fundiéndonos en el pequeño baño sucio y descuidado.
Todo comenzó con unas miradas extrañas, él era mi amigo de la vida. Nos conocíamos hace años y jamás nos habíamos visto con otras intenciones que no fueran de amistad.
Esa tarde, salí temprano de clases y mis amigas me invitaron a tomar unas chelas. Llegamos al bar, nos sentamos en la mesa de siempre y pedimos una ronda de exquisitas y refrescantes cervezas. Fumamos un caño de esos bien nombrados “premier”. Mi cuerpo comenzó a reaccionar con el maravilloso efecto del THC. Primero los pies, luego los muslos, el tronco y la cabeza, todo en mi estaba volado.
Súbitamente mi celular sonó, ring, ring. Era él, el chico musculoso, lleno de fibra que me buscaba para un poco de acción.
-¡Ven pa’ acá, está la cola!- Le conté.
-En media hora nos vemos- prometió.
Pasados los treinta minutos, estaba plantado a mi lado. Un par de chelas, unas miradas lujuriosas y quedó la cagá.
Gracias a las chelas y los caños, mi personalidad afloró. Me acerqué a él y le susurré al oído – ¿Acompáñame?-
Sin despertar sospecha, nos levantamos de la mesa y le indiqué el baño de mujeres. Sonrió con un dejo de picardía. Entramos, juntamos la puerta y nos abalanzamos uno sobre el otro. Lengua, carne y pasión era la tónica del momento. – ¡Máscame, máscame!- le decía. – ¡Te masco, te masco!- me respondía.
Comenzamos a llegar al clímax y los gemidos subían de tono. Entonces, cuando estaba en lo mejor de mi orgasmo, la puerta que nos separaba de la realidad se abrió y una señora de traje gritó:-¡Aaaaaaaaaaa! ¡Perdónenme, no era mi intención! Y salió horrorizada por la escena que había presenciado. Nos reímos hasta más no poder, pero seguimos hasta acabar en un tierno y romántico abrazo.


